Todos los días escuchamos hablar de "la educación"


Todos los días escuchamos hablar de "la educación", lo que hace evidente que, de una forma u otra, percibimos que es uno de los principales déficit de lo que somos como sociedad, nación, pueblo o cultura, según el punto desde el cual se quiera encarar el problema. Podría decirse sin riesgo de exagerar, que sufrimos una catástrofe educativa, cuyo lado más importante está lejos de ser la carencia de "infraestructura" edilicia o presupuesto.

Es una catástrofe que se percibe con una mirada, apenas superficial, desde lo que se se espera de "la educación": que enseñe a leer, escribir y dotar de conocimientos básicos de matemáticas, historia, cultura general, valores relevantes, moral social y política, aptitudes para la universidad, civismo, idiomas... Cosas así. Informes como PISA y pruebas personales elementales, llevan a conclusiones que se expresan en verificaciones sencillas: la mayoría que culmina todo el ciclo primario y secundario, no sabe leer y escribir, no tiene suficiente habilidad matemática y no posee conocimientos generales mínimos. Menos aún, el hábito de lectura, que está vinculado indisolublemente con la educación misma.

¿Dónde está el meollo de tan lamentable realidad? No es tarea fácil contestarlo. Podría resumirse en que no tenemos educación socialmente relevante, porque no sabemos qué educación queremos y necesitamos. No lo sabemos como sociedad, como civilización o cultura, por lo que carecemos de una política de Estado que implemente la educación, con el apoyo y el reclamo determinante de una sociedad que sepa lo que quiere en su presente, para el futuro.


Adolfo Ferreiro

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